Un amor inquebrantable, excepto por la verdad.
Lizzie Young siempre ha sentido que era demasiado en todos los sentidos. Diagnosticada con trastorno bipolar a una edad temprana, nunca ha encajado en su familia, con sus amigos ni en su comunidad. Lizzie quiere que la acepten y la entiendan, pero como cuenta con poca gente de su lado, ha llevado sola el peso de sus cargas y traumas.
Cuando conoce a un chico atento en el autobús del instituto, parece que las cosas comienzan a mejorar por primera vez en su vida…
Hugh Biggs tiene la madurez y la sabiduría de alguien mucho más mayor. Un joven con una mente aguda y un firme código ético que ve algo en Lizzie Young a lo que no se puede resistir. Quiere serlo todo para ella y ayudarla a sobrellevar su carga. Y Lizzie quiere lo mismo.
El vínculo entre Lizzie y Hugh parece indestructible: tienen una química explosiva, su amor es intenso y su conexión, profunda, pero incluso el amor más verdadero puede verse afectado por fuerzas que escapan a su control.
Debido a su situación, su familia ha tenido que mudarse constantemente, lo que provoca que Caoimhe esté completamente harta, ya que está siempre cambiando de colegio, sin poder hacer amigos, ni tener estabilidad. Al final deciden mudarse definitivamente a Ballylaggin.
A lo largo de los años vemos a una Lizzie complicada, que actúa mal, que parece estar siempre enfadada con su entorno. Su padre y su hermana la regañan y gritan constantemente incluso le dicen cosas feas, llegando a dar la sensación de que no saben cómo tratarla o incluso de que han dejado de entenderla por completo. En medio de todo eso, la única figura que realmente intenta ayudarla sin juzgarla es su madre, Catherine, que se convierte en su mayor apoyo emocional, pero a la vez es muy complicado, porque ella está batallando contra una dura enfermedad.
Caohime se echa novio es algo mayor que ella y lo lleva a casa, y es cuando entra en escena Mark Allen. Este ser asqueroso, al que he odiado muchísimo, va a jugar con el miedo y a trastocar el mundo de Lizzie, hasta que no sepa que es lo que está bien y lo que está mal.
Por otra parte tenemos a Hugh, este chico es el hijo que toda madre quiere tener. Es un buen niño, es muy responsable, listo, educado, buen hermano, vamos tiene el cielo ganado este chico. Él aporta calma, paciencia y una forma distinta de acercarse a Lizzie, simplemente estando ahí. Su relación no es perfecta, pero es construida poco a poco entre heridas, miedos y momentos de lucidez. Más allá del romance, lo que tenemos es una historia muy cruda sobre el trauma, la incomprensión y lo difícil que es crecer sintiéndote diferente y rota a ojos de los demás. Lizzie no es una protagonista fácil, de hecho puede que la llegues a odiar en muchas situaciones
Luego hay pequeños detalles respecto a los libros anteriores que no terminan de cuadrar o de hilarse del todo bien, al menos me ha dado esa sensación. Por último, hay algo que sigo sin entender del todo, la actitud de Lizzie hacia Gibsie. Sabiendo lo que estaba pasando, su forma de actuar no me termina de convencer, porque ella podría haber dicho algo en todos esos años.



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